Especialistas Opinan Sobre Ampliación Del Aislamiento y Analizan Sus Efectos – Coronavirus En Perú

Especialistas consultados apoyan ampliación de la cuarentena. Resaltan que estrategia basada en “martillazos” redujo la velocidad de transmisión del virus, pero no lo suficiente.

Luego de 55 días tras la declaratoria del estado de emergencia en el país para frenar el COVID-19, la incidencia de esta enfermedad aún no se detiene. Según cifras del Ministerio de Salud (Minsa), se han reportado a la fecha 61.847 contagios y 1.714 fallecimientos. Esta última cifra es mayor en 52% a lo registrado hace una semana.

Ayer, el Ejecutivo decretó la cuarta ampliación de la cuarentena obligatoria hasta el próximo 24 de mayo. La medida fue justificada por el presidente de la República, Martín Vizcarra, quien explicó que la prórroga es necesaria para bajar más la transmisión del virus. Precisó que de levantar las restricciones sin controlar la tasa de contagios a uno [es decir, una persona con el virus infecta a otra] se “podría generar un rebrote y regresar a niveles que teníamos antes”.

Ampliación necesaria

¿Cuán eficaz ha sido la cuarentena obligatoria implementada en el país? ¿Es necesaria su prórroga? Para el médico epidemiólogo Mateo Prochazka, si bien terminar la cuarentena habría sido una decisión aceptada desde un aspecto socioeconómico, la nueva ampliación permitirá al Gobierno fortalecer sus capacidades sanitarias y de laboratorio para una futura etapa de transición.

“La decisión de prolongar [la medida] me parece acertada. Hay mucha fatiga en la población, gente que ha roto la cuarentena no por falta de educación, sino por necesidad económica. Hay que seguir los cambios que se van a hacer para contener un aumento rápido de la transmisión cuando esta culmine. Se esperaría un crecimiento más rápido de lo que se ha estado viendo”, opina.

Dicha postura es compartida por César Cárcamo, investigador de la Facultad de Salud Pública de la Universidad Cayetano Heredia, quien añade que esta estrategia impidió el contagio en gran parte de la población. Advierte que un levantamiento súbito de la cuarentena elevaría el contagio en este grupo, lo que generaría una oleada de casos más grande que la observada actualmente.

“Si ahora levantamos las medidas, entonces vamos a entrar a la curva en la que estábamos antes, a la original. Posiblemente, comenzaríamos a subir a un pico más alto. Los pocos que han salido y se han infectado han abarrotado los hospitales o han fallecido. Ya ocurrieron las infecciones en ellos, se están recuperando y van a comenzar a bajar las muertes y los casos nuevos. Pienso que, con los datos que tenemos, hemos legado al máximo de la epidemia”, explica.

Efecto insuficiente

Desde el inicio de la epidemia, la respuesta del Estado frente al coronavirus estuvo basada en el criterio del “martillazo” a la curva de contagio. Es decir, medidas estrictas [como la cuarentena en el país] para reducir la transmisión. Pese a esto, aún existen nuevos casos y muertes.

Luego de casi dos meses de su aplicación, la evaluación de dicha estrategia es mixta: por un lado, evitó un rápido aumento de casos y el colapso apresurado del sistema de salud, pero no logró aplanar por completo la curva de contagios.

(Fuente: Minsa)

El primer punto se refleja en la disminución de la pendiente de la curva, o sea, de la velocidad de la transmisión. Los días que los casos tardaban en duplicarse pasaron de uno o dos al inicio de la epidemia a casi nueve en los últimos días.

“De no haberse hecho la cuarentena, la cantidad de personas infectadas y fallecidas habría sido alta, pero sobre todo mucho más rápida”, opina Prochazka.

Sin embargo, uno de los principales objetivos del martillazo es reducir drásticamente el valor del número de reproducción efectivo de la enfermedad (R); es decir, la cantidad de contagios que puede producir una persona infectada. Solo cuando este número es menor que uno, la enfermedad empieza a descender.

Ragi Yaser Burhum, científico en computación y autor del artículo “El martillazo y el huayno”, estimó que esta cifra bajó de valores cercanos a 3 antes de la cuarentena hasta valores cercanos a 1,5, donde se ha mantenido constante en los últimos días. Para el 3 de mayo, siete semanas después del inicio del aislamiento social obligatorio, este indicador marcaba 1,43, cifra situada aún por encima de lo requerido para hacer retroceder la epidemia.

“El martillazo busca bajar el R a menos de uno. Si ese valor no llega puede ser por varias cosas. Una, tal vez el margen de error que no estoy calculando por no contar con todos los datos necesarios, otro factor es el humano. Por más que tengas una supercuarentena, si existen ciertos tipos de patrones dentro de una sociedad [como la pobreza y la informalidad reinante en el país], va a ser difícil bajar el indicador”, explica.

El investigador asimismo resalta la necesidad de contar con información adicional que sea de dominio público, como el número de pruebas que se aplican en cada departamento o el tipo de éstas, para hacer más exacto el cálculo de este coeficiente. “Los valores que se observan son como un ‘best try’, el mejor esfuerzo que se puede realizar con la data disponible. Hay que asumir que el valor estimado de R es más o menos el aproximado, no es absoluto”, explica.

Este aspecto también es clave para explicar algunas tendencias a nivel provincial como en distritos. Si bien en general se observa una tendencia a la baja de R, ésta muestra ciertos matices según la localidad. Por ejemplo, mientras en el Callao (que reporta el número de contagios más alto de casos después de Lima) muestra un R de 1,77, en San Isidro dicho valor estaría próximo a 3.

“Cuando miras San Isidro te preguntas cómo es posible que sea tan alto. Si miras la cantidad de casos nuevos por día en esa localidad, observas que es una cantidad baja al inicio; pero en el último día de abril encuentras como 90 casos. ¿Qué pasó ahí? No sabemos porque no hay acceso a esa data. No sé si son falsos positivos, o si se acumularon el último día. Se necesita tener la información”, opina Burhum.

La nueva normalidad

¿Cuán cerca está el fin de la epidemia en el país? Para Prochazka, la transmisión del COVID-19 disminuirá cuando exista una vacuna o se infecte una proporción de la población que sea capaz de originar inmunidad por sí sola. Sin embargo, el porcentaje necesario para crear dicha situación aún se desconoce.

«La curva en Perú bajará cuando exista una vacuna o se infecten millones de personas, al punto en que ya no queden suficientes personas susceptibles [que no han tenido la infección] para seguir haciendo la transmisión. Es una noticia difícil, pero es la realidad. La otra opción es erradicar al virus cortando la tasa de contagio haciendo que todos se queden en casa de manera estricta. Esa era la intención inicial de la cuarentena, pero no se logró”, explica.

Ante este escenario, el especialista recomienda la prevención para evitar futuras infecciones, pero considera que esta tarea tendrá un componente individual. “Podemos hacer medidas de salud pública, pero dependerá de la población que sean acatadas. La nueva normalidad implica que si vamos a salir a la calle usemos mascarillas, nos lavemos las manos constantemente, no nos toquemos la cara. Tiene que venir acompañada de una campaña de comunicación de la salud pública”, dice.

En tanto, Cárcamo señala que esta fase debe estar caracterizada por la aplicación e restricciones a nivel doméstico, donde las personas salgan el menor número de veces posible y mantengan la distancia social, así como la puesta en marcha de normas de higiene y distanciamiento en espacios como el transporte público.

“Si levantan la cuarenta no voy a comenzar a ir al estadio, al cine, a viajar en micro. Tengo que seguir manteniendo mi cuarenta. También se debe evitar el desplazamiento en distancias largas, tratar de limitar los viajes largos para evitar el contagio entre distritos”, puntualiza.

Punto de vista

Deudas pendientes con la población. Por María Alejandra Campos, politóloga

Extender nuevamente la cuarentena, cuando el COVID-19 aún no ha sido contenido, es la decisión correcta. El gobierno ha tenido que elegir entre ser la gestión con más muertes o la de peor desempeño económico de la historia reciente. Felizmente, optó por cuidar la vida de los ciudadanos. Sin embargo, aún tiene muchas deudas pendientes con la ciudadanía. Voy a destacar las que considero son las cinco principales.

Los bonos. En un país donde la inmensa mayoría de la población o es pobre o pertenece a la clase media vulnerable, no entregar con celeridad los bonos prometidos ha sido uno de los mayores errores del gobierno. Sin ellos, es imposible que las personas cumplan con la cuarentena.

La informalidad. El Ministerio de la Producción no ha comunicado ninguna estrategia que involucre al sector informal, que representa al menos el 70% de la economía. Los protocolos de reactivación que ha diseñado solo sirven para un grupo reducido de empresas. Por ende, terminarán siendo un saludo a la bandera.

Comunicación. A pesar de que la información es clave en esta coyuntura, el gobierno no ha hecho campañas sobre nada. La Secretaría de Comunicación Social de la PCM parece estar pintada en la pared o circunscrita a las redes sociales. Ni campañas sobre protocolos de higiene, ni sobre cuidado de personas vulnerables, ni sobre las medidas adoptadas por el propio gobierno. Un desastre.

Los mercados. Los municipios distritales han demostrado que son muy poco útiles en esta emergencia. Ni reparto eficiente de canastas, ni supervisión de mercados. Tras la abrumadora evidencia de que estos eran focos de contagio, el gobierno decidió hacerse cargo de la fiscalización de los centros de abasto más grandes de la capital. Esperemos que la estrategia funcione.

Personas de riesgo. Apenas el 2% de los adultos mayores del país están siendo monitoreados. De ellos, no todas las alertas que se levantan son atendidas por los sectores correspondientes. Sin una supervisión inteligente de las personas de riesgo, va a ser muy difícil controlar el avance del COVID-19.

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